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Una Oportunidad Para 260.000 Toneladas De Comida

Una oportunidad para 260.000 toneladas de comida

  • Iniciativas como la empresa social Espigoladors, el supermercado Soy Comida Perfecta o la «app» We Save Eat demuestran que se pueden obtener beneficios reaprovechando alimentos

Reproducción y traducción al castellano del artículo de El Baix

Revertir el excedente de comida es la razón de ser de diversas iniciativas empresariales que han conseguido transformar en una oportunidad de negocio y de concienciación social las 262.000 toneladas de alimentos que se tiran cada año en Cataluña. Entidades emprendedoras como Espigoladors («recolectores» en catalán), que da fruta y verdura sobrante a entidades sociales y las transforma en conservas; el supermercado Soy Comida Perfecta, que rescata productos «feos» que estaban destinados a destruirse; o la aplicación We Save Eat que canaliza el excedente de establecimientos alimentarios, demuestran que es posible obtener un margen económico atacando a la raíz del problema. Ahora, estas iniciativas reclaman ayudas públicas para crecer.

El derroche alimentario se puede analizar desde muchos puntos de vista, según la FAO. Desde una vertiente social, un tercio de los alimentos que se pierden o se desperdician sería suficiente para erradicar el hambre en todo el mundo. Desde una vertiente medioambiental, la sobre-producción y la destrucción de excedente generan 170 millones de toneladas equivalentes a CO2. Desde un punto de vista económico, cuesta más de 680 billones de dólares en los países industrializados.

«Recolectores» que recogen excedentes agrícolas

Con estos datos en la mano e imaginación, varios emprendedores catalanes se han fijado en diferentes momentos de la cadena alimentaria para combatir este fenómeno. Espigoladors es una empresa que nació para resolver esta problemática social implicando a los campesinos y agricultores del territorio. Teniendo en cuenta que el 45% de las frutas y verduras que se producen se derrochan, con un grupo de voluntarios, los ‘espigoladors’ (recolectores), recogen desde 2014 los excedentes agrícolas de los campos de un centenar de agricultores del Baix Llobregat, del Maresme, Vallès y de las Tierras del Ebro.

El 95% del producto recogido se destina a entidades sociales y el 5% restante se transforma en forma de conservas, salsas, mermeladas, patés de la marca Es Imperfect. «Hay que romper con el modelo asistencialista (basado ​​en el sólo recibir) de donación de alimentos. Queremos dar visibilidad a un producto que estéticamente no es el mejor o el mercado no lo quiere, pero es igual de bueno e incluso mejor «, ha explicado a la Agencia Catalana de Noticias (ACN) Carlos Guirado, técnico de proyectos y comunicación de Espigoladors.

Productos «feos» a un precio rebajado en el supermercado

Las estadísticas dicen que donde más se desperdicia es en los hogares (45%) seguido de las fábricas de producción (39%). Así pues, la industria alimentaria centra los esfuerzos de otra iniciativa catalana, el supermercado Soy Comida Perfecta. Desde el pasado marzo vende productos «feos» que estaban destinados a destruirse a Castelldefels y Barcelona a un precio rebajado, ​​ya que sólo el 39% del excedente se da a entidades sociales.

De este modo, aquel alimento que no se consumirá, gasta una gran cantidad de energía. «Si el desperdicio alimentario fuera un país, sería el tercero en emisiones de CO2 en la atmósfera», puntualizó a la ACN la directora Desiree Taboada en una entrevista telefónica. «Es una oportunidad que nos beneficia a todos: la industria se libra de este excedente, las personas pueden ahorrar en su día a día y evitamos hacer daño al planeta», explicó esta emprendedora que, tras diez años en el sector agroalimentario en Perú, su país natal y donde hizo el test primario del proyecto, decidió mudarse a Barcelona.

Las sobras de los restaurantes, a mitad de precio

Otro sector que produce el 14% del desperdicio es el de la restauración. Viendo que entre un 4 y 10% de todo lo que se compra en un restaurante se tira, Eva Jorge decidió crear la aplicación móvil We Save Eat, que canaliza el excedente de establecimientos alimentarios vendiendo los productos que se iban a tirar a mitad de precio. Cada tres meses liquidan todo lo que ha vendido cada establecimiento y les dan los beneficios que les corresponden, menos la comisión por el servicio.

En un año de vida han conseguido trabajar con 150 panaderías, obradores y restaurantes, la gran mayoría en Barcelona y 10 en Madrid. A pesar de la buena recepción de los usuarios, que ya se cuentan con 8.000 registrados y de éstos 4.000 habituales, desde ‘We Save Eat’ ponen sobre la mesa la «elevada resistencia» de los establecimientos a colaborar con ellos. «Muchos nos dicen que son eficientes, que no derrochan, aunque la sobreproducción existe siempre», ha apuntado a la ACN, Daniel Jorge, colaborador.

El derroche alimentario pasa de tabú a «una verdad incómoda»

Y es que, a pesar de los avances, la experta en restauración sostenible Isabel Coderch ha explicado a la ACN que el «primer reto» que hay sobre la mesa es «hablar sobre el derroche alimentario con tranquilidad», porque «aunque a nadie le gusta decir que tira comida «, todo el mundo lo hace. Para subsanar esta situación, Coderch decidió fundar hace 15 años una consultora ambiental especializada en la restauración colectiva, llamada Te Lo Sirven Verde.

En este tiempo ayudando a los negocios de restauración a reducir su huella ambiental, Coderch ha comprobado que «el derroche alimentario ha pasado de ser un tabú a una verdad incómoda, que se empieza a tratar y se habla mucho».

Entre sus clientes está el Hospital de Andorra, que ha conseguido salvar del vertedero unas 40 toneladas de comida. «Muchas veces las soluciones no requieren demasiados recursos económicos y no son complicadas», explica Coderch. «Es un tema que no se puede continuar obviando: hay obesidad y hay hambre, por una parte, y estamos pagando comedores sociales y mientras la tiramos de los hospitales. No tiene sentido, necesitamos ser más sostenibles y más eficientes «, insiste. Coderch cifra el desperdicio médico en hospitales en España alrededor de 600 y 900 gramos por pacientes y día. «Si lo multiplicas por los 157.000 camas hospitalarias, y teniendo en cuenta un gasto medio de dos a tres euros al kilo, tienes los miles de euros que está tirando la sanidad pública en una comida que nadie consume», aseguró.

En este sentido, Coderch ha pedido a las instituciones un cambio en la estrategia alimentaria de la restauración colectiva, empezando por hospitales, cárceles y centros educativos, que podría empezar por subir el precio del menú escolar, descartar las bandejas como utillaje y hacer que el usuario separe los residuos. Además, también ha pedido que se apruebe una ley del buen samaritano, que exima de responsabilidad los establecimientos que donen comida. Sin esta cobertura legal, hay muchas reticencias por parte del sector: «No he conseguido que ninguno de mis clientes done comida, puede más el miedo a ser denunciado», añadió. Así pues, Coderch recomienda a los restauradores que se vinculen a proyectos como Nevera Solidaria, Barcelona Comparteix Menjar o We Save Eat, que canalizan el excedente de alimentos.

Ayudas públicas

«Aunque cada vez hay más -matiza Jaume Oller, de la cooperativa de trabajo Tandem Social– en Cataluña sigue habiendo muy pocas entidades que tengan como razón de ser la lucha contra el despilfarro alimentario porque no es un problema que esté muy socializado». Es por este motivo que los emprendedores piden esfuerzos a las instituciones: «No hemos recibido ninguna ayuda de ninguna administración pública», lamentó Daniel Jorge de We Save Eat, una iniciativa familiar financiada con fondos particulares. «Necesitamos subvenciones, ayudas, alianzas… porque si no, se nos acabarán los recursos», apuntó. En este sentido Carles Guirado, de la Fundación Espigoladors, opina que, aunque se han dado pasos muy importantes para prevenir y reducir el desperdicio alimentario en nuestro país «hay que dar mucho más apoyo a las iniciativas que realmente van al origen del problema y darles un poco más de cobertura y empuje para que se puedan o bien hacer más grandes o intentar replicarse en otros territorios «, ha valorado.

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